Insurrección:
Elena
era la directora general de una gran compañía, una mujer elegante, de unos 36
años, quizás un poco fría y distante con la mala costumbre de conseguir siempre
lo que se propone, cualidad por la que ha llegado tan lejos en la compañía.
Sólo tiene un pequeño secreto…es una devoradora de hombres que los utiliza y
luego los tira dejando a su paso un rastro de corazones rotos y rencores.
Jaime
es un pobre becario con su carrera de empresariales recién terminada, un chico
alto, desgarbado y más bien alguien apocado que tiene mucho miedo de su jefa,
que lo trata como si fuera un pobre inútil. El tímido chico solo tiene 25 años,
es su primer trabajo e intenta estar a la altura de las circunstancias pero es
muy difícil cuando tienes el ojo de águila de Elena constantemente sobre ti
para indicarte a cada paso que las has cagado y además de plano.
Elena
harta de los contantes fallos de Jaime ha tomado la decisión de despedirlo
porque considera que es un estorbo para la compañía, está pensando en decírselo
al final de la jornada, que mañana ya no tiene necesidad de acudir a trabajar,
con esa idea en mente vuelve al trabajo.
A
última hora de la tarde cuando todos se están marchando, Elena le dice a Jaime
que no se marche que tiene que hablar con él; cuando todos se han marchado
Jaime se encamina al despacho de Elena cabizbajo pensando en qué habrá hecho ya
para que ella lo llame a su oficina y de camino al despacho de la jefa hay un
cortocircuito y toda la oficina se queda a oscuras…Jaime mira por la ventana y
se da cuenta de que el problema sólo es en el edificio porque en la calle las
farolas funcionan, así que se apresura a decirle a Elena que el problema de luz
sólo es en el edificio.
Elena
sale del despacho muy preocupada habiéndose olvidado de que tenía a Jaime en la
oficina, porque se ha dado cuenta de que sin luz las puertas automáticas de la
oficina están cerradas a cal y canto. De camino a la recepción se topa con
Jaime, que iba a ver a su jefa, ella muy preocupada le pregunta que si es un
apagón general y él le contesta que no, que es un fallo en el edificio y es
cuando Elena le dice que están atrapados hasta que vuelva la luz, que las
puertas son automáticas…
Jaime se
pone a pensar que está encerrado con la peor víbora del mundo y que lo va a
hacer pedacitos, pero se para a mirarla y se da cuenta de que está muy
angustiada, que ya no parece para nada la mujer terrible que suele ser en la
oficina…por una parte piensa “que se joda” pero por otra le da lástima. Elena
está incómoda con el chico y para ocultar esa vulnerabilidad le suelta que no
hace falta que vuelva mañana porque está despedido. Él se queda paralizado, no
se lo puede creer, está encerrado con esa zorra que le acaba de despedir, pero
a la vez que tiene ganas de mandarla a la mierda siente una fuerte atracción
por esa mujer fría y despiadada.
No
teniendo ya nada que perder se acerca a ella, intentando ser conciliador,
buscando una razón para su despido, pero ella le trata fríamente y es cuando Jaime
en un arrebato de furia y lujuria la besa, doblegando a la mujer de hierro, controlándola
con un beso salvaje que acaba con la boca de él bajando por el cuello de la
mujer de hielo que ahora gime como una perra en celo y le pide que no pare,
cosa que está muy lejos de querer el antes apocado becario. ¿Quién está al
mando ahora? La empuja contra una de las mesas que le quedan más cerca, la
sienta sobre la mesa, le arranca el tanga de un tirón y la penetra de un golpe,
clavándose en ella hasta lo más profundo, mientras ella gime, lloriquea, pide
más y le clava las uñas de gata en la espalda, mientras rodea la cintura del
chaval con las piernas. Jaime está muy cabreado pero lleva mucho tiempo con
ganas de follarse a la jefa y ahora va a pagar por cada uno de sus desprecios,
se le va a grabar a fuego el becario.
Para
antes de correrse y le dice a Elena que se ponga de rodillas en el suelo y que
se la chupe, ella se queda dudando un momento, pero él la coge por la cabeza y
le mete la polla en la boca, no dejándole más opción que lamer y chupar. En
ningún momento él le suelta la coleta que ella lleva, marcándole así el ritmo
que él quiere. Jaime se corre y Elena obedientemente se traga la corrida. Ahora
es él quien mira con desprecio y frialdad a la mujer q sigue en el suelo, que
ni siquiera se atreve a mirarle.
Elena
se pone en pie, se baja la falda y se dirige a la ventana abrazándose a sí
misma y sin siquiera mirar al chico. Cuando él ve esa actitud en ella se dirige
hacia donde está pero en el camino las luces vuelven y con la luz la mujer de
hielo sale corriendo.
Lo que Jaime
no sabe es que a pesar de la brutalidad con la que ha tratado a su jefa, ella
ha disfrutado cada momento y que se está arrepintiendo de haberle despedido…
Devoted
to Carlos
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