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lunes, 17 de diciembre de 2012

ONLY IN YOUR DREAMS


ONLY IN YOUR DREAMS:
Cristina siempre había sentido fascinación por Alex, un compañero de trabajo pero que ella sabía que estaba fuera de su alcance, no por otra cosa sino porque no era el tipo de chica con la que salía él.  Ella era bajita, curvilínea, con unos ojos verde oscuro y un pelo castaño de lo más común nada que ver con las delgadas y nórdicas rubias de ojos azules con las que Alex salía.
Todos los días lo miraba embobada en la oficina y sus amigas le decían que se olvidara de él, que no iba a conseguir que él se fijara en ella ni en un millón de años, pero como suelen decir la esperanza es lo último que se pierde y Cristina no estaba por la labor de dejar de soñar con él, aunque en la triste realidad ella no fuera nada para él, pero la cruda verdad es que ninguna mujer significaba nada para este hombre, que salía una vez con una mujer, se la llevaba a la cama y nunca más volvía a llamarla.
Pero todo lo que ambos conocían estaba a punto de cambiar de forma radical, el karma iba a poner a cada uno en su sitio. Cristina seguía siendo invisible para Alex pero en breve eso iba a cambiar porque el deseo de ella era más fuerte cada día y estaba a punto de empezar a proyectarse y de qué manera….
Últimamente Cris se levantaba muy cansada a pesar de acostarse más bien pronto, no sabía a qué achacarlo, pero había empezado a tomar vitaminas porque no podía con el cansancio, aunque no sabía por qué pero era un cansancio que no la molestaba porque estaba muy relajada y casi no sentía tensión sexual al ver a Alex en el trabajo, ya no se ponía cachonda cuando le veía, sólo tenía una sensación de victoria y una carita de gata satisfecha que no era normal en ella.
Alex también había empezado a levantarse cansado pero al contrario que Cristina sí que sabía porque se levantaba reventado, porque un pequeño duende de ojos verdes y cuerpo de sirena lo traía loco en sus sueños y lo peor de todo es que ese trasguito se parecía mucho a su compañera de trabajo, aquella a la que nunca se había parado a echarle ni una sola ojeada porque no era su tipo de mujer, era casi invisible para él a diario y de repente era la mujer que lo provocaba en sueños.
Ya no podía quitarse de la cabeza ese cuerpo que no era lo que él solía buscar, ella es menuda, con par de tetas que harían morirse hasta a los santos, casi era un milagro que un cuerpecito tan pequeño fuera capaz de sujetar ese par de fenómenos de la naturaleza que parecían hechos para lamer, mordisquear y mimar. El resto de su cuerpo también era espectacular, con unas caderas redondeadas y rotundas, sin embargo no se podía decir que Cristina estuviera gorda, solo que era el epítome de la feminidad, suave, cálida e invitadora. Pues con ella soñaba todas las noches, pero unos sueños que lo dejaban agotado y muy insatisfecho, se quedaba siempre con ganas de más, con ganas de tirar el despertador por la ventana para poder seguir soñando que se perdía entre las piernas de Cristi.
Ahora era realmente difícil ir a trabajar…porque no lograba concentrarse en las tareas que tenía que realizar, sólo pensando en la mujer que estaba 4 despachos más allá con su traje de falda y chaqueta que ocultaban ese cuerpo hecho para el pecado y que lo volvía loco, con esas piernas que no dejaban de aparecer en sus sueños rodeándole la cintura mientras la penetraba salvajemente, con esas pequeñas y suaves manos que le cogían la polla y se la llevaban a esa dulce boquita que era puro pecado…así no hay quien trabaje!! En esos momentos en lo que está deleitándose con los sueños Cristina asoma la cabeza por su despacho para preguntarle si ya tiene el balance financiero del trimestre y él no es capaz de responder, sólo puede pensar en la suavidad de su pelo, en esos pequeños dientecillos mordiéndole suavemente en el cuello y en esa gloriosa boca besándole, mamándole, mordiéndole.
Cris espera pacientemente a que su compañero vuelva de la inopia, ya no le cuesta tanto dirigirse a él, es como si le hubiera exorcizado de su mente aunque sigue sin saber porqué se levanta agotada pero satisfecha sexualmente. Alex espabila y le dice que no, que todavía no tiene listo el papeleo, pero que si no le importa que se queda hasta tarde en la oficina y lo termina para que ella pueda tramitarlo a lo que ella responde que tiene pensado quedarse a trabajar hasta tarde también; esa idea deja al pobre hombre achicharrado mentalmente porque vuelven a resurgir en su mente las eróticas imágenes de ella sobre su mesa mientras follan como conejos. Cristina abandona la puerta del despacho moviendo la cabeza porque piensa que a su compañero se le va la pinza un poco.
La tarde pasa y la oficina se va vaciando hasta que sólo queda luz en dos de los despachos, el de Alex y el de Cris, cada uno inmerso en sus respectivas tareas. En un par de horas la tarea está terminada y Alexander se dirige al despacho de su compañera a entregarle los papeles para que ella también termine el trabajo y se pueda ir, pero cuando entra en el despacho se queda petrificado por la escena que lo acoge…Cristina está sin la chaqueta que cuelga en el perchero, con los botones superiores de la blusa desabrochados que dejan ver el nacimiento de sus senos cosa que provoca que Alex se ponga duro como una piedra, además ella también está descalza, sus zapatos están bajo la mesa y su pelo habitualmente recogido en un moño está parcialmente suelto y los mechones enmarcan su dulce cara. En vez de parecer  una ejecutiva lo que realmente parece es un ángel pero bastante provocativo.  Ella levanta la cabeza de lo que está haciendo y le mira, él está extasiado mirándola, recordando los sueños que ha tenido en cuanto a esa mujer y ese despacho en concreto.
Cristi se pone en pie y estira la mano para recoger los documentos pero en ese momento Alex la empuja contra la puerta de la habitación y empieza a besarla en el cuello, esto coge a la chica desprevenida, que en un principio se queda rígida pero luego reacciona y redirige el ataque del chico hacia su boca, le besa, le mordisquea el labio inferior y de ahí pasa a su cuello…le estorba la corbata así que a tirones consigue medio quitar la corbata y empezar a desabrocharle la camisa para poder seguir la exploración con su boca más abajo. Alexander no puede dar crédito a la sexualidad salvaje de la pequeña Cristina, pero él no se va a quedar atrás, también empieza a desabrochar la blusa de ella y en cuanto acaba con ello le quita el sujetador que libera dos auténticas perdiciones a cuál de ellas mas apetitosa, le coge un pecho con la mano y se lleva el pezón a la boca, empieza a lamer, morder y succionar, mientras ella gime y se retuerce, cuando acaba con ese pasa al otro pecho y le hace lo mismo, consiguiendo el mismo resultado que ya lo trae loco de por sí, ella ya no aguanta más y forcejea con el cinturón, desesperado porque llegue a su objetivo él la ayuda a desvestirlo y en cuanto lo tiene ante a ella, cae de rodillas, le agarra la polla con sus manitas, la masajea suavemente pasando un dedito por el capullo, le mira con cara traviesa y se mete el rabo en la boca provocándole con su lengua, jugando con la punta, mordisqueando, lamiendo a la vez que con la otra mano juega con sus pelotas con suaves caricias, que hacen que Alex pierda el control, la ponga contra la pared y la penetre por detrás haciéndola sufrir con cada embestida, clavándose en ella hasta las pelotas, sintiendo como ella le aprieta cada vez que lo nota salir de su cuerpo, haciéndole llegar el límite para luego dejarle al borde…
Lo malo de tenerla contra la pared es que no ve su carita de viciosa cuando la penetra y él quiere verla cuando se corra, así que la tumba encima de la mesa  y hace realidad uno de los sueños que lo había atormentado, el de follarla en la mesa de su despacho que se completa cuando ella le rodea la cintura con las piernas para que cada penetración sea más profunda, después de tener su sueño realizado y ver su cara llegando casi al orgasmo, Alex se acelera y los dos llegan a un orgasmo brutal, que los deja agotados.
Cristina no era el tipo de chica con la que él saldría pero sí que es el tipo de chica con la que follaría hasta caer rendido y tiene bien claro que no volverá a mirar ese despacho de la misma forma ni a su ocupante tampoco, cada vez que pase por allí se acordará de lo que pasó y de lo que seguirá pasando.

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